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ESPERANZA=ANCLA DEL ALMA (Heb. 6, 10-20)

La palabra de Dios quiere hoy animarnos y exhortarnos en la perseverancia de la fe. “Dios no es tan injusto como para olvidarse de vuestro trabajo y del amor que le habéis demostrado”. Esta lectura es un canto a confiar plenamente en las promesas que Dios nos ha hecho, principalmente a través de su hijo Jesús. Dios no se olvida de nosotros, nos tiene presentes en las situaciones difíciles por las que pasamos a lo largo de nuestras vidas, y, a pesar de esas dificultades, sabe valorar nuestra entrega y nuestro amor. Es una invitación a recobrar el ánimo y la fuerza, pues nos refugiamos en Él.

¡Cuántas veces nos quejamos y desalentamos ante las dificultades de la vida, ante la incomprensión de nuestro mundo o el rechazo y la crítica despiadada! Qué difícil nos resulta, en esas circunstancias, tener fijos nuestros ojos en quien mantiene nuestra fe. Tenemos que aprender a dejarnos confortar por Cristo. Todos necesitamos que se nos anime en nuestro camino de fe. No se trata de creernos mejores que nadie, pero sí necesitamos esos ánimos en las dificultades para no caer en el desánimo y la desesperanza. En esta sociedad que nos ha tocado evangelizar, donde todo lo cristiano parece que molesta, nos viene muy bien escuchar estas palabras de esperanza y fortaleza que vienen de Dios, y recordar el ejemplo de los que nos han precedido y han sido fieles en medio de las dificultades y persecuciones.

La esperanza, es la virtud teologal por la que aspiramos al Reino de los cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos no en nuestras fuerzas, sino en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo. Por la esperanza, deseamos y esperamos de Dios con una firme confianza la vida eterna y las gracias para merecerla.

“Espera, espera, que no sabes cuándo vendrá el día ni la hora. Vela con cuidado, que todo se pasa en brevedad, aunque tu deseo hace lo cierto dudoso, y el tiempo breve largo. Mira que mientras más peleares, más mostrarás el amor que tienes a tu Dios y más te gozarás con tu Amado con gozo y deleite que no puede tener fin” (Santa Teresa de Jesús).

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