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ENVIADOS A PROCLAMAR Y SANAR (Lc. 9, 1-6)

Evangelizar es la dicha y vocación propia de la Iglesia, pues esta existe para evangelizar, es decir, para predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios, perpetuar el sacrificio de Cristo en la Santa Misa. (Evangelii nuntiandi 14). Evangelizar se vuelve tarea de todos los cristianos, toda la comunidad eclesial es misionera siempre y en todo lugar, todo en ella ha de estar en función de la evangelización de los que no conocen a Cristo, o conociéndolo, están lejos de Él.

Todos, como discípulos de Jesús, podemos y debemos ser evangelizadores, claro, siempre y cuando estemos evangelizados nosotros mismos, pues en los sacramentos de la vida cristiana Jesús nos hace partícipe de su misión profética.

Hay campo de misión muy cerca de nosotros, en nuestro propio entorno: los que son padres con sus hijos, los esposos entre sí, los familiares, los vecinos, las amistades, los compañeros de trabajo. Pero ¿Cómo evangelizar? No hace falta pronunciar grandes sermones, basta con la presencia y el testimonio. Lo que más necesita hoy el evangelio es de testigos que lo vivan mediante el amor a los hermanos.

El anuncio de la buena nueva debe ir acompañado de signos que liberan al hombre. La promoción humana, por ejemplo, debe ser un compromiso de la fe cristiana y del creyente que la profesa. Esa es la proyección del amor evangélico al hermano, especialmente al más pobre y marginado.

Somos una comunidad enorme y muy variada, llena de personas a las cuales podemos y debemos evangelizar. Comencemos por hacernos cercanos, hagamos sentir nuestra solidaridad, seamos atentos y generosos, como decía la Madre Teresa de Calcuta: que nadie se acerque jamás a ti sin que al irse se sienta un poco mejor y más feliz. Amar como Cristo nos amó, es decir, dando nuestro cariño, tiempo y vida a los demás; será el testimonio eficaz que impacte y cuestione al mundo sumido en la falta de fe, harto de palabras y mesianismos frustrantes.

Padre de bondad, haz que todos los bautizados sepamos responder al llamado de Jesús vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, que seamos capaces de amar a todas las personas como Tú deseas que las amemos Señor. Líbranos de aquellos que nos instala y entorpece en el anuncio del Reino, para que no ahoguemos el espíritu de la misión. Amén.

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