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EL SEÑOR ESTÁ CONMIGO (Jr. 20, 10-13)

Jeremías fue perseguido por sus propios amigos, por los más cercanos, por aquellos en quien él confiaba.

Su mayor deseo era hacerle saber a su pueblo que Dios no está conforme con su conducta. Les ofrece arrepentirse y acogerse a la misericordia de Dios. Les pone por delante un camino nuevo para recuperar la paz, vivir en libertad y compartir esperanza. Pero sus amigos prefieren no escuchar y sólo quieren venganza. Jeremías siente la fuerza de Dios que está dentro de él. Dios lo sostiene en medio de sus sufrimientos.

Jeremías representa a tantas personas que hoy sufren, pero que tienen plena confianza en Dios, y siguen adelante a pesar de sus sufrimientos y problemas. Su fuerza le viene de confiar plenamente en el Señor: “El Señor está conmigo… mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo”. El Señor no defrauda nunca a los que confían en Él. Pero esto no quiere decir que a sus “confiadores” les salga todo bien en esta tierra. Quiere decir que Dios les va a acompañar día y noche, en todos los momentos, en su caminar por la vida. Y si “sus enemigos” les aplastan, les matan… allí está Dios con ellos y no los dejará de su mano y los resucitará a una vida plena de felicidad.

Dios no se hace sordo ante el sufrimiento, ante la llamada de sus hijos. Él nos escucha siempre. Podemos sentirnos amenazados por hablar en nombre de Dios, pero Él nunca nos va a abandonar.

En nuestra vida hemos experimentado muchas veces el miedo, el dolor, la soledad, oscuridad, las dudas… Nos hemos podido sentir perseguidos, despreciados y hasta maltratados. Y es aquí desde este contexto que se nos invita a mirar hacia arriba para buscar la luz en Dios.

Si mantenemos nuestra mirada siempre en lo alto, mantendremos firmes nuestra confianza en Dios. Confiando siempre en la voluntad de Aquel que nos creó. No derrumbarnos ante las dificultades, ante sufrimiento, porque tenemos la fuerza del amor de Dios que con ella venceremos todo.

Aprendamos del profeta a confiar en el auxilio del Señor, y digamos con el salmista: “En el peligro invoqué al Señor y me escuchó”. Yo te amo, Señor. Tú eres mi refugio, mi fuerza salvadora.

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