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EL SECRETO ES EL AMOR (Mt. 19, 3-12)

El fracaso o el éxito en la vida matrimonial y familiar no puede resolverse ni prevenirse por medio de la ley, básicamente es un asunto del amor. El mejor medio para buscar la felicidad, unidad y estabilidad de la pareja es consolidar continuamente el proyecto matrimonial, creciendo más y más en el amor.

Nuestros jóvenes han de prepararse debidamente al matrimonio, y los ya casados han de mantener un ritmo ascendente. ¿Cómo? Creciendo constantemente en el amor auténtico mediante la madurez personal, la educación constante en el amor y la espiritualidad que brota de su propia vocación cristiana.

La base humana es el cimiento indispensable de todo el edificio conyugal y familiar. Los jóvenes y los novios, así como los ya casados, necesitan una madurez personal “a prueba de matrimonio”. Porque amar de verdad es más difícil de lo que parece; es dar y compartir, más que recibir y disfrutar.

La educación constante en el amor es también un capítulo obligado para progresar en él, para evitar el caer en la rutina y la vulgaridad, la frialdad y el desamor de tantos.

Finalmente, la espiritualidad evangélica que brota de una fe auténtica supone una ayuda inestimable. El matrimonio cristiano proclama muy alto los valores de una vocación de Dios, que es llamada a la santidad cristiana. Si todo matrimonio es más que un simple contrato, el matrimonio cristiano es además un sacramento, es decir, un signo eficaz de gracia y salvación.

Todo amor verdadero viene de Dios, que es el amor con mayúscula y a Él debe conducir como su fuente y fin; por eso el amor humano y el cristiano no están en planos distintos, sino fundidos. Dios ayuda con su gracia a los esposos y padres de familia que se mantienen en contacto con Él mediante la fe y la oración, viviendo así en plenitud la dimensión religiosa del matrimonio cristiano; lo cual dará lugar simultáneamente a un perenne y continuo crecimiento en al amor y la fidelidad.

Gracias Padre, porque Cristo devolvió a su fuente original el amor humano, el matrimonio y la familia, liberándolos del egoísmo que los degrada. Tú que eres la fuente del amor y a él nos llamas, enseña a jóvenes y adultos a crecer en el amor cristiano, que refleja en el matrimonio el de Cristo a su Iglesia. Amén.

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