SEDES
Colima Guadalajara Lagos de Moreno La Piedad León Puerto Vallarta Querétaro Tepic Uruapan Zamora Online
Bolsa de trabajo Bolsa de trabajo Portal de pago Online Biblioteca

English Assistance

EL QUERER DE DIOS ES VIDA PARA NOSOTROS (Ez. 18, 21-28)

La Palabra de Dios siempre nos pide autenticidad, coherencia, desterrar de nosotros la tentación de culpar a otras personas de lo que nosotros hemos hecho mal, de lo que hemos dejado de hacer o de lo que hemos hecho a medias.

Dios quiere de nosotros que vivamos con responsabilidad, que asumamos la autoría de nuestros propios pensamientos, palabras y actos. Partiendo de este reconocimiento es como avanzaremos en nuestro caminar hacia Dios. Sí, debemos corregir nuestros desvíos y afianzar nuestra vida en el querer de Dios, que siempre es nuestro bien espiritual, personal y material.

Ezequiel deja muy clara esta idea: Dios no quiere nuestra muerte, quiere nuestra conversión, quiere que dejemos los caminos tortuosos que no conducen a ninguna parte, quiere que nos convirtamos a Él, y para ello nos pone todos los medios posibles para que lo hagamos realidad.

También el profeta enfatiza que lo propio de Dios es perdonar, olvidar, no llevar cuenta, acoger y, sobre todo, amarnos: “De Ti procede el perdón…, del Señor viene la misericordia…, Él redimirá a Israel de todos sus delitos…”, son las aclamaciones del salmo 129.

Vigilemos nuestros sentimientos, ya que son una riqueza que Dios ha puesto en nuestra alma, pero, si no los vigilamos pueden atraparnos impidiéndonos razonar y reaccionar para tomar las decisiones y determinaciones necesarias para, con ello, avanzar en el camino de nuestra conversión, y, para reconocer nuestro camino errado, alejado de la justicia de Dios y del amor que debemos a Dios, a nosotros mismos y a nuestros hermanos.

La Cuaresma, con su constante invitación a la conversión, nos hace conscientes del amor de Dios, hacia cada persona. Amándonos, Dios nos ayuda a vivir según su voluntad renovando con ello nuestra filiación divina y nuestro empeño de caminar hacia Él.

Renovemos cada día el deseo de buscar a Dios con más autenticidad, esforcémonos por descubrir constantemente qué parte de nuestra vida no está sometida a Jesús, el Señor, y, pidámosle la luz de su Santo Espíritu, para que no nos dejemos engañar creyendo que ya somos buenos y no necesitamos cambiar de modo de ser, de sentir, de pensar y de vivir.

Dejar un comentario.