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EL QUE CUMPLE LA VOLUNTAD DE MI PADRE (Mt. 7,21.24-27)

El evangelio del día de hoy nos plantea el final y muy reconocido Sermón de la montaña que concluye con serias advertencias de Jesús, mediante las parábolas de los dos tipos de casas. Hay aquí dos palabras claves: escuchar y poner en práctica, que en breve abordaremos. No son los labios, sino el corazón lo que finalmente cuenta, cuando se habla de lograr la exitosa entrada al Reino de los cielos. Solamente siguiendo coherentemente a Jesús ­-que es la única y definitiva piedra angular- construiremos sólidamente nuestra vida y podremos llegar a ser auténticos y decididos discípulos suyos.

Escuchar: no sólo es una capacidad física del buen funcionamiento de nuestros oídos. Es también, una cualidad que toda persona está llamada a continuar cultivando. Más aún, si en el contexto de la vida cristiana descubrimos que estamos llamados a ser ese escucha atento a las necesidades de todos los demás hermanos. Cuanta falta nos hace sobre todo, profesando una fe cristiana, escuchar de verdad, escuchar de corazón las necesidades del otro. Y digo nos cuesta, porque apenas tenemos oportunidad nos resulta más fácil desconectarnos, porque el otro no atedió mi petición como prioridad, no advirtiendo que quizá ese otro también tiene necesidades que atender. Escuchar, hunde sus raíces en el término latino audire, y este término tiene estrecha relación con el término ob-audire, que significa obedecer. Y teniendo en claro este presupuesto podamos comprender ese dicho coloquial que dice el que se obedece no se equivoca, de tal suerte que, bien pudiéramos entenderlo en el contexto más humano y cristiano posible como, el que escucha al otro no se equivoca o se equivoca menos, entendiendo que no somos seres perfectos y acabados. Y no se equivoca, porque es aquí donde entra en acción nuestra espiritualidad cristiana de atención atenta al otro. Donde mi apreciación o decisión ya considera al otro tan importante como yo. Qué difícil es cuando creemos que tenemos derecho a la exclusividad de la atención, cuando ya de entrada la atención y el modelo de escucha cristiano que se nos propone, es no ser de unos cuantos, sino de todos, atender a todos. Dando su momento a cada cosa. No siendo egoístas.

Poner en práctica: El amor más en las obras que en las palabras. Son palabras de S. Ignacio de Loyola que nos evoca esta invitación que, a la luz del evangelio la Iglesia, nos invita a asumir en el momento de poner manos a la obra, esto a cada uno según su proceso. La puesta en práctica de cualquier virtud cristiana, de un propósito que nos podamos plantear, de entender y ser mejor cada día según lo que Dios nos pide, cada uno ha de ser paciente. La puesta en práctica, implica paciencia, esa otra virtud nunca suficiente. En el construir juntos un mejor testimonio como Iglesia implica pedir a Dios nos dé paciencia. No tolerancia. Sí paciencia. Porque tolerancia es, sin más, soportar por soportar; paciencia es queridos hermanos, esa cualidad no disimulada, supone que el alma ya se venció a sí misma. En este primer grado se trata de la paciencia interna, la que va o debe ir muy unida con la caridad fraterna. Debe el alma soportar amorosamente todos los defectos, humillaciones y contradicciones que le vengan de parte de los demás: debe sobrellevar todos sus defectos internos, encomendando a Dios, en especial, a los que le fueren más molestos. Esta paciencia interna para con el prójimo cuesta mucho, pero feliz el alma que llega a adquirirla; porque puede decirse que esta alma ha dado un gran paso en el camino hacia el cielo. ¿Qué cuesta mucho? Sí y mucho.

Por ello, pidamos a Dios la gracia de abrir nuestro corazón a su palabra, que nos conceda ese cambio de mentalidad, de despojarnos de arrebatos provocados por cualquier cosa contraria a la virtud que bien sabemos más nos hace falta. Porque Dios, hermanos, nos ama como somos, pues somos hijos suyos creados con amor indefectible, pero lo cierto es que en su proyecto de amor y salvación nos desea mejores. Que Jesús, que está próximo a nacer de nuevo en nuestra vida y en su infinito amor por nosotros, nos conceda esta petición. Que así sea.

 

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