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ÉL NOS ALIENTA EN NUESTRAS LUCHAS (1Cor. 1, 1-7)

Hoy en la primera lectura, tomada de la Carta de San Pablo a los Corintios, encontramos un alentador mensaje en clave de esperanza. Seguramente en algún momento de los últimos 15 meses hemos pasado por alguna situación difícil o hemos visto un panorama opacado que transmite pesimismo, incapacidad, tristeza o alguna otra negativa.

El apóstol hace un llamado a la comunidad de Corinto para encontrar en nosotros gracia sobreabundante de parte de Dios y, a su vez, entender la importancia de la vida en comunidad como lugar donde compartimos la fuerza de Dios y caminamos juntos hacia el encuentro con Él.

Los problemas son una constante en la vida, parecería que no podemos vivir sin ellos. En nuestras luchas diarias Dios nos alienta, como si nos dijera directamente “yo confío en ti, y sé que podrás, porque estoy contigo”. Es como esos papás que van orgullosos al festival o partido en donde participará el hijo y los ves apoyarlo como si se tratara del evento más importante de la vida. Así es Dios. Él nos transmite su apoyo y su gracia desde fuera de la cancha, y nos pide repartir ese apoyo a las personas del equipo.

A veces tenemos la concepción errónea de que Dios nos manda problemas y que nosotros tenemos que vencerlos para poder ser santos. Pero es completamente diferente porque, al asociarnos a los sufrimientos de Cristo, alcanzamos de Dios toda la fuerza y la capacidad para luchar. Dios nos da la esperanza y nos asegura que, al pasar todo esto, seremos acreedores a la corona que no se marchite.

Es importante recalcar que no se trata de vencer las situaciones por medio de las fuerzas humanas, sino que necesitamos humildad para saber que no siempre podemos, cautela para no meternos en problemas gratuitos y apertura para que Dios actúe.

Animémonos porque Dios en su sabiduría nos ha preparado una gran familia que se llama Iglesia, en donde todos vamos caminando juntos, donde nos apoyamos unos con otros, pero con la certeza de estar firmes en Cristo.

Que nunca olvidemos la seguridad de que Dios nos da su apoyo y nos reparte su gracia, para que superemos toda dificultad.

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