SEDES
Colima Guadalajara Lagos de Moreno La Piedad León Puerto Vallarta Querétaro Tepic Uruapan Zamora Online
Bolsa de trabajo Bolsa de trabajo Portal de pago Online Biblioteca

English Assistance

EL DEBER CÍVICO Y RELIGIOSO (Mc. 12, 13-17)

No pocas ocasiones leemos en los Evangelios cómo los fariseos se interesan por Jesús de una manera hipócrita. Por una parte, comienzan el diálogo desde la adulación más que desde la admiración; por otra, desde la intención oculta de quererlo hacer tropezar.

Le preguntan sobre la licitud de pagar o no los impuestos del imperio. Si se pronuncia a favor de ello está dando legitimidad a la ocupación y protagonismo del imperio en el espacio político y cultural del pueblo de Israel. Si se pronuncia en contra, puede ser acusado de rebeldía.

Jesús procede inteligentemente. Primero echa en cara a sus interlocutores su doblez e hipocresía; luego les pide que le muestren un denario romano. En el que estaba grabada la efigie del César, y finalmente sentencia: “den al César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios”. Es evidente que Cristo distingue aquí deberes cívicos para con la autoridad y deberes religiosos para con Dios.

El cometido de la autoridad pública es el ordenamiento de la sociedad al bien común; y para conseguir este objetivo cuenta necesariamente con la ley moral, es decir, la ley de Dios. Por eso la lealtad que el ciudadano debe a la autoridad civil no ha de estar necesariamente en pugna con su obediencia a Dios. Pero en caso de conflicto de deberes por abuso de la autoridad pública, es legítimo el disentimiento, la objeción de conciencia, la oposición, la resistencia; porque en tal caso es Dios quien debe prevalecer.

El cristiano debe ser el mejor ciudadano, como lo fue Jesús mismo. Nada de lo que le debemos a Dios se lo quitamos al César; pero también hemos de ser conscientes de que la fe religiosa no nos exime, sino que nos obliga a dar a una autoridad civil legítima y justa la obediencia debida y la colaboración ciudadana. Es motivo de reflexión ver lo que cada uno hacemos, desde el lugar que ocupamos en la familia, en la sociedad para que este mundo se parezca más al que Dios quiere.

Señor, con tu ejemplo de vida nos mostraste que tu discípulo debe ser el mejor ciudadano, leal, justo, responsable, crítico y solidario. Pero si Tú, Señor, no nos construyes la casa, en vano vigilamos, madrugamos y trabajamos. Concédenos tu Espíritu de amor y de servicio para que testimoniemos ante nuestros hermanos que tu Reino tiene la primacía en nuestra vida.

Dejar un comentario.