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EL CORAZÓN DEL JUSTO ES FIRME (Tob. 2, 9-14)

Esta lectura nos pone frente al eterno problema del sufrimiento del “hombre bueno”, del hombre que ama a Dios, que le adora, que sigue sus caminos. Un capítulo más del también eterno misterio del mal en el mundo y cómo hacerlo compatible con la bondad de Dios.

Uno de los días en que Tobías, por seguir a Dios y en contra de la prohibición del rey de Asiria, regresaba cansado a su casa de hacer una obra de misericordia, “de tanto enterrar” a judíos asesinados, se quedó ciego. Haciendo el bien pierde la vista. Parientes, familiares, amigos y hasta su propia mujer se burlaban de él: “Tu esperanza se ha visto frustrada; ya ves de lo que te ha servido hacer limosna… y enterrar a los muertos”. A pesar de dichas complicaciones en su vida, Tobías se mantuvo fiel al Señor y después recuperaría la vista. “Dios permitió esta desgracia para que, como Job, diera ejemplo de paciencia”.

Pasando al Nuevo Testamento, pasando a la vida, muerte y resurrección de Jesús, podemos decir, en primer lugar, que nunca vemos a Jesús, que es Dios, provocar y permitir el mal de algunas personas para probar su virtud. Y, en segundo lugar, Dios Padre no quiso el sufrimiento de su Hijo, la muerte de su Hijo Jesús. Pero dejó que los hombres, ejerciendo la libertad con la que Él les había dotado, clavaran a Jesús en la cruz. Fueron los hombres, y no Dios Padre, quienes crucificaron a Jesús. Dios está en contra del mal y a favor del bien, del amor, de la verdad, de la bondad… y nos pide que caminemos por ese mismo camino y no por el camino del mal. Lo que nos debe quedar claro es que Dios nos ama y que nunca nos deja solos, ni cuando nos vemos sufriendo el mal, que Él no desea, ni busca para nosotros. Y antes o después, no permitirá que el mal reine sobre nosotros y hará que la plenitud del bien y de la felicidad reinen en nosotros para siempre.

La consigna que nos ha dejado la Pascua, y que Tobías nos recuerda en este día para llevarla a la vida es: “En todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman”. Dios, que nos ama, está con nosotros, y lo que hoy parece una desgracia, puede tornarlo en una bendición. Confiemos y esperemos en paz.

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