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El amor se prueba en la obediencia de la fe (Jn. 15, 9-11)

La palabra de hoy nos invita a reflexionar sobre dos acciones: permanecer y amar. Pues el amor se prueba en la obediencia de la fe, es por eso por lo que todo discípulo debe permanecer en él, permanezcan en mi amor”, ¿y cómo permanecer en el amor de Cristo? El que guarda mis mandamientos permanece en mi amor, todo lo anterior en el lenguaje de Jesús se traduce en “el que ama a su prójimo me ama a mí” ¿Quién puede decir que ama a Dios a quien no ve, cuando no ama a su hermano a quien sí ve?

Permanecer no significa quedarse estáticos, esperando que algo suceda, sino todo lo contrario, implica orientar nuestra vida al estilo de Jesús, sirviendo y poniendo en práctica sus mandamientos, la alegría que genera el amor, la armonía, la paz, la comunión y la permanencia; logrando así construir “una cadena de amor”, que se viva y trasmita a los demás, pues el amor y la obediencia unidos crean una alegría gozosa.

Nuestra medida de amor debe ser la de Jesús, quien entrega la vida por sus amigos y se convierte en modelo de todo amor cristiano; pero, ¡qué difícil es hacerlo!, no obstante, que nosotros como discípulos suyos debemos responder a ese amor haciendo lo que Él nos manda, es decir, cumpliendo sus mandamientos, pero donde obedecer no significa acatar órdenes como los trabajadores lo hacen con su patrón. Jesús se muestra no como un patrón frente a los discípulos, sino como un amigo que se dirige a ellos y les dice: “a ustedes ya no los llamo siervos, porque siervos son aquellos que no saben qué hace su Señor, a ustedes los llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre se los he dado a conocer”. Hemos sido elegidos y creados por Él, para ser sus amigos y amar sin condiciones ni medidas; amar hasta que duela.

El que no ama o no se siente amado, está arruinado como persona, pues Dios siempre nos ama y nos da herramientas para poder amar, ahora mismo nos da una gran prueba, que, si Él lo permite, pronto superaremos. Pidamos al Señor una buena dosis de gozo pascual, que ¡tanto necesitamos! Sobre todo, en estos momentos de confinamiento en que ponemos a prueba no solo nuestra paciencia, fe y esperanza; sino sobre todo ese amor, que más que nunca debe verse expresado en el prójimo.

Señor Jesús, inúndanos de tu gozo en el Espíritu, para que nuestra dicha llegue a plenitud en ti, y así podamos dar testimonio ante los demás de tu amor y tu alegría.

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