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DIOS NOS HA HABLADO POR MEDIO DE SU HIJO (Hb. 1, 1-6)

La Carta a los hebreos deja muy claro que Cristo es la pieza clave para entender el ser y actuar de Dios. Hoy Dios nos habla por medio de su Hijo, Jesucristo.

San Alberto Hurtado, sacerdote jesuita chileno del siglo pasado, dejó para nosotros una sencilla pregunta: ¿Qué haría Jesús en mi lugar? Vaya cuestiones las de aquel padrecito. ¿Qué sería del mundo si todos hiciéramos esa pregunta antes de actuar? No me voy muy lejos, ¿Qué sería de mi vida, mi familia o nuestra comunidad si esa duda fuera la condición para pensar, hablar y obrar? “Jesús no vivió en nuestro tiempo”, “¿Qué va a saber un pescador de hace dos mil años sobre equis tema?” u otras frasecillas podrían salir de nuestro pensamiento. Profundicemos más, las verdaderas enseñanzas de Jesús son perennes, se tratan de gestos, actitudes y acciones que pueden más que mil palabras; la entrega libre, incondicional y amorosa de todo nuestro ser en favor de los demás.

La invitación de hoy es que podamos voltear a ver a Cristo, primeramente por lo plasmado en el Evangelio o por su presencia en la Eucaristía, porque Él siempre sabrá decirnos qué espera Dios de nosotros, responderá nuestras dudas y dará paz al corazón. ¿Cómo es Dios, qué piensa, qué busca, a quién ama?

Me permitiré concluir nuestro café de hoy con las palabras de san Juan Pablo II a los jóvenes en 1987:

¡No tengáis miedo de mirarlo a Él! Mirad al Señor: ¿Qué veis? ¿Es sólo un hombre sabio? ¡No! ¡Es más que eso! ¿Es un Profeta? ¡Sí! ¡Pero es más aún! ¿Es un reformador social? ¡Mucho más que un reformador, mucho más! Mirad al Señor con ojos atentos y descubriréis en Él el rostro mismo de Dios. Jesús es la Palabra que Dios tenía que decir al mundo. Es Dios mismo que ha venido a compartir nuestra existencia de cada uno.

Al contacto de Jesús despunta la vida. Lejos de Él sólo hay oscuridad y muerte. Vosotros tenéis sed de vida. ¡De vida eterna! ¡De vida eterna! Buscadla y halladla en quien no sólo da la vida, sino en quien es la Vida misma.

Este es, amigos míos, el mensaje de vida que el papa quiere transmitir: ¡Buscad a Cristo! ¡Mirad a Cristo! ¡Vivid en Cristo!

Que la Virgen María nos enseñe a vivir según la voluntad de Dios, contemplando, sirviendo y amando a su Hijo.

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