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DIOS MULTIPLICA SUS DONES (Mc. 6, 34-44)

El Dios que es amor se ha manifestado como tal dándonos a Cristo su Hijo, como propiciación de nuestros pecados. Es por eso por lo que en cada gesto de Jesús se ve reflejado el amor del Padre. Así aparece en el evangelio de hoy. Compadecido Jesús de que la gente andaba como ovejas que vagan sin pastor, se pone a enseñarles con calma y, cuando cae la tarde, multiplica el pan y los peces para la muchedumbre.

Un verdadero milagro que significa y manifiesta el amor y la vida divina que Dios nos ofrece en Jesucristo. Podemos ver ya al buen pastor que incluso dará la vida por sus ovejas; así no andarán ya perdidas, sin guía y cada una por su lado, sino reunidas, como nosotros, en la mesa familiar donde se parte el pan para los hijos, el pan eucarístico, el cuerpo del Señor que nos une a todos como hermanos en fraternidad y comunión de vida.

Con mucha tristeza vemos que en nuestra sociedad existe una crisis en el amor que tiene mucho que ver con la crisis de fe, porque la fe cristiana es creer en Dios que es el amor y la fuente rebosante e inagotable del mismo.

Es el amor quien facilita el conocimiento de las personas y el aprendizaje de las cosas, de las profesiones y de los oficios. En este sentido, cuando una persona ama su trabajo, decimos que tiene vocación para ello; es el amor quien le da la competencia y le ayuda a descifrar misterios inexplicables.

En el diálogo de la fe que lleva al conocimiento de Dios, es Él quien tiene la iniciativa; es decir, es el primero que ama, ofreciendo su amistad y admitiéndonos al círculo abierto de su amor trinitario para hacernos hijos suyos por amor.

San Pablo, que reflexionó mucho sobre esto, afirma: “Dios nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear al mundo, y nos ha destinado, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos”. Por eso, definir a Dios como amor no es una mera gratificación afectiva ni una efusión poética; es una realidad fascinante. En ella se abismaban los santos y los místicos, no como quien se pierde en una soledad sin límites, sino en una vida sin fondo y sin fronteras.

Decir que Dios es amor es afirmar que no sólo es una persona que ama, sino que es el amor mismo en persona. Por eso, ¿cómo podremos ser hijos nacidos de un Dios que es amor si no amamos nosotros también? ¿Y cómo podremos decir que lo conocemos si no lo amamos a Él y a sus hijos, los hombres?

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