SEDES
Colima Guadalajara Lagos de Moreno La Piedad León Puerto Vallarta Querétaro Tepic Uruapan Zamora Online
Bolsa de trabajo Bolsa de trabajo Portal de pago Online Biblioteca

English Assistance

DIOS EN MEDIO DE SU PUEBLO (Ex. 11, 10-12, 14)

En la primera lectura de la liturgia del día de hoy se nos describe la Cena Pascual tal como la celebran cada año los judíos, en la cual, de generación en generación, conmemoran su liberación: aquella noche decisiva de su historia, cuando Moisés, con la ayuda de Dios, los condujo en la salida de Egipto. Es para ellos un día memorable, celebrado en honor del Señor. Sin duda que la Pascua es la gran prueba del amor de Dios, que salva a su pueblo.

La cena de despedida está descrita con los ritos que luego se harían usuales: la reunión familiar, el sacrificio del cordero con cuya sangre marcan las puertas, la cena a toda prisa, los panes ácimos, sin acabar de fermentar…

Todos estos signos son figura e imagen de la renovación que obraría Cristo en las almas y de su liberación de la esclavitud del pecado. Porque para nosotros, la Pascua verdadera se ha cumplido en Cristo. Él es el “verdadero Cordero”, que por su sacrificio sangriento aporta la liberación total y decisiva, por el don de su vida nos libra de la influencia del pecado, y nos arrastra a seguirlo, peregrinos en camino, hacia la verdadera Tierra Prometida, cerca de Dios. Él atravesó las aguas de la muerte para entrar en la nueva existencia, a la que, como nuevo Moisés, nos conduce a todos sus seguidores.

La Pascua es, ha sido y será un camino lleno de exigencias, no hay descansos, no es un arrancar para hacer altos en el camino, volver, desviarse por rutas pintorescas o entretenerse en la contemplación del paisaje. Una vez que has aceptado unirte al Pueblo de Dios tienes que aceptar todas las consecuencias que este hecho trae consigo: creerle a Dios, confiar en Él, nunca traicionarlo, estar atentos a su voz, pero, sobre todo, dejarnos abrazar por Él.

La experiencia de Israel en la primera Pascua nos ayuda a entender toda la riqueza de la segunda, la Pascua de Jesús, que se nos comunica ahora a nosotros, sobre todo en la Eucaristía. En nuestra marcha diaria de la esclavitud a la libertad, nos apoyamos en esa cercanía y ese alimento: el Cuerpo de Cristo entregado por nosotros, su Sangre derramada por nosotros. Él es el Cordero cuya Carne nos alimenta, cuya Sangre nos salva.

Dejar un comentario.