SEDES
Ags Colima Guadalajara Lagos de Moreno La Piedad León Puerto Vallarta Querétaro Tepic Uruapan Zamora Online
Bolsa de trabajo Bolsa de trabajo Portal de pago Unadis Biblioteca

English Assistance

DIOS CALMA LAS TEMPESTADES (Mt. 8, 23-27)

En medio de esta pandemia que estamos sufriendo, cuyas consecuencias de muerte son cada vez mayores, ha de recordarnos que, en la vida, en el navegar por el tiempo, habrá momentos de tempestad. Momentos en que tememos hundirnos. A parte de todas las personas enfermas y aquellas que fallecieron, este virus ha generado en la población miedo. Nos sentimos indefensos ante lo que sucede y a veces sin tener a dónde ni a quién acogernos. Un miedo vivido tal vez en soledad, disimulado ante aquellos con los que convivimos. Nos sentimos poca cosa, estamos como los apóstoles en el texto evangélico “acobardados”.

Jesús en el texto evangélico se nos muestra exigente, no tienen derecho los apóstoles en plena tempestad a tener miedo, si Él está con ellos. Les reprocha que no confíen en Él. Esa es la fe: la confianza en quien decimos que creemos. La confianza que supera evidencias inmediatas de impotencia y miedo. Ahí reside el mensaje del texto evangélico. No podemos desconfiar del Dios en quien decimos creer. En medio de la tempestad hay que buscarlo, y contar con Él, es el momento de tener conciencia de que no vivimos solos, Él está en nuestras vidas. Está para darnos valor y no dejarnos acobardar; para darnos esperanza y no dejarnos aplastar por el temor.

El seguimiento de Cristo tiene sus dificultades, hoy como siempre. Si en el pasado era relativamente fácil ver la presencia y la mano de Dios en los acontecimientos de la naturaleza y de la historia, hoy en cambio, en un mundo secularizado, el creyente necesita una fe robusta y sin miedo para descubrir la presencia del “Dios dormido y ausente” en medio de las aspiraciones del hombre actual y en el compromiso personal y comunitario en pro de la justicia, el progreso y la acción al servicio de los más necesitados.

No faltarán los momentos de prueba para nuestra fe, cuando la tempestad nos azote despiadadamente: cuando la Iglesia es perseguida; cuando el mal triunfa y oscurece los valores del bien y de la verdad; cuando sufrimos injustamente; cuando nos visita un insistente dolor; cuando la pobreza, la enfermedad, la desgracia o la muerte hacen altaneramente acto de presencia en nuestra vida; cuando, en una palabra, nos duele el silencio de Dios, que parece estar “echando la siesta”, como Jesús en la barca, entonces surge espontánea la queja en nuestros labios: ¿No te importa que nos hundamos? Si nuestro grito es oración, está bien; pero si es desconfianza por falta de fe, tendremos que escuchar el correctivo de Jesús: ¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?

Te bendecimos, Padre nuestro, por Cristo, tu Hijo. Aunque a veces lo olvidemos, Él viene con nosotros en la azarosa travesía del mar de la vida. Hoy queremos renovar nuestro seguimiento de Cristo. Para ello, renuévanos Señor en la audacia de la fe. Haz que te descubramos, Dios “dormido y ausente”, en medio de los proyectos, aspiraciones y fracasos, cansancios y esperanzas, frustraciones y anhelos de nuestros hermanos, los hombres que sufren y esperan. Amén.

Dejar un comentario.

Leave us your information to get in touch with you

https://www.youtube.com/embed/ZVtO9ZXTW24