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DA TODO LO QUE TIENES (Lc. 21, 1-4)

San Lucas nos presenta el contraste entre el donativo del rico y el de la pobre viuda, resaltando la cantidad que pusieron uno y otro en la alcancía, pero más aún, el trasfondo de lo que dieron. Como si el asalariado diera en caridad toda su quincena en el mismo momento que la recibe y se vuelve a quedar en cero.

La pobre viuda ganó ser recordada en el evangelio por su ejemplar abandono en la Providencia. La confianza en Dios que ella nos demuestra, pudiera parecer inconsciente de los retos y gastos que implica la vida. Podríamos apostar a que ella estaba más preocupada cuando tenía en su bolsillo las dos moneditas que cuando las echó en esa alcancía, porque así como cayeron las monedas en el recipiente, de la misma manera ella cayó en las manos del Dios más generoso, atento y agradecido. La mujer tiene la mayor de las riquezas, una incalculable: a Dios. Qué grande aquel en quien ella cree, porque no la abandonó, al contrario, la acogió sabiendo que Él era lo único que ella tenía. Como niña que se sostiene en su padre.

La entrega total de la viuda es algo que todos tenemos que imitar. ¡Qué difícil es entregar todo a Dios! Podríamos caer en la tentación de darle sobras, lo mínimo. No me refiero únicamente a lo económico que tú puedes dar en caridad o en el canasto a la hora de la misa, sino a tu tiempo, tus cualidades y hasta tus debilidades. Frecuentemente escuchamos personas que van a misa los domingos temprano “para tener ya el domingo libre”, que oran sólo en la necesidad, que ayudan a alguien o en su comunidad parroquial sólo si se lo piden, que le piden a Dios les ayude únicamente con X pecado en vez de confiarle todos.

Voltea hoy hacia Dios, dile que aquí estás, muestra tus carencias, riquezas, todo tu ser, ofrécele cada momento por convicción, porque quieres estar con Él. Dios sabrá tomar todo lo que pongas en sus manos, lo bendecirá y te lo regresará convertido en una bendición mucho mayor. Pero entrega sin miedo, sin escatimar, porque pondrá en ti lo necesario para tu plenitud. Dios no se deja ganar en generosidad.

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