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A JUAN YO LO MANDÉ DECAPITAR. ¿QUIÉN SERÁ, PUES, ESTE DEL QUE OIGO SEMEJANTES COSAS? (LC 9, 7-9)

En el mundo en el que vivimos, creer conocer a alguna persona puede ser posible gracias a las redes sociales, por la manera de escribir, de opinar o incluso, por la manera en la que hablamos o nos referimos sobre los demás. Sin embargo, nos quedamos cortos para lograr conocer a alguna persona, sin duda, las referencias pueden ayudar, algunas veces es para bien y otras no tanto.

Escuchar hablar de Jesús, siempre dará mucho de qué hablar. En aquel tiempo, Jesús generó mucha incomodidad por su manera de pensar, hablar y de actuar. Y en la actualidad la sigue generando a través de quien trabaja en la construcción del reino de Dios a través de la verdad y la justicia.

Todo promotor que desgasta la vida por los más pobres, por los que más sufren, por el respeto a la dignidad humana desde el nacimiento hasta la muerte natural, serán personas incómodas en una sociedad tan materialista, en la sociedad del “maquillaje” y del descarte. “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá, y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.” (Mt 16,25).

Que el miedo no nos paralice, que no nos aísle. El mundo necesita profetas que anuncien y denuncien al modo de Jesús. Hablar con prudencia, pero con verdad, hablar con amor y sobretodo, con testimonio de ser cristianos, de ser seguidores de Jesús. Que nuestra manera de amar en la acción genere en los demás esperanza y unidad, ser para la sociedad agentes de construcción y no de destrucción, que al conocernos, reflejemos al mismo Cristo que vive en nosotros.

Esforzarnos para que todo lo que salga de nuestra boca sean bendiciones para los demás, que la huella que dejemos en la sociedad sea de amor.

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