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El comportamiento ético y humano en la abogacía: una reflexión desde El abogado del diablo

Rose Mary Martínez · Estudiante en la licenciatura de Derecho 

La Ley verdadera es la recta razón de conformidad con la naturaleza

y tiene una aplicación universal, inmutable y perenne,

mediante sus mandamientos nos insta a obrar debidamente y,

mediante sus prohibiciones, nos evita obrar mal.

Justiniano (485-565)

 

El ejercicio del Derecho no solo implica el dominio de las leyes, sino también la práctica constante de principios éticos y humanos que guíen la conducta profesional. En un contexto donde la justicia puede corromperse por intereses personales o presiones externas, el abogado se convierte en un agente fundamental para preservar la integridad del sistema jurídico.

La película “El abogado del diablo” (Hackfort, 1997), protagonizada por Keanu Reeves y Al Pacino, expone de manera impactante las consecuencias de ignorar la ética en el ejercicio de la abogacía. (Ver figura 1) A través del personaje de Kevin Lomax, pone en evidencia la manera en que el poder, la ambición y el ego pueden desvirtuar los valores fundamentales del Derecho. La trama de la película permite reflexionar sobre la importancia de actuar con responsabilidad moral en esta profesión.

En toda sociedad democrática, el Derecho tiene como finalidad principal la búsqueda de la justicia, la equidad y el orden. En este sentido, el abogado no solo es un conocedor de las leyes, sino también un fuerte defensor y testigo de los derechos humanos y del debido proceso legislativo. La ética profesional es un componente esencial en su formación y desempeño. El Código de Ética Profesional del Abogado (Barra Mexicana. Colegio de Abogados, 2017), postula que el abogado debe ejercer su labor con “honradez, lealtad, diligencia y respeto a la verdad”. En el largometraje “El abogado del diablo”, el abogado Kevin Lomax decide defender a clientes sabiendo que son culpables, únicamente para mantener su racha de victorias. Eso muestra una desconexión con los principios éticos y una franca falta a los principios de rectitud y probidad.

Al inicio de la película, Kevin Lomax defiende a un maestro acusado de abuso sexual, a pesar de descubrir en pleno litigio que su cliente es culpable. Su decisión de continuar con el caso, solo por preservar su récord de fallos a su favor, demuestra que la ambición profesional puede superar fácilmente la moral cuando no existe una conciencia ética sólida.

Uno de los mensajes más contundentes de la película es que la búsqueda de la fama, reconocimiento y poder a toda costa son de las puertas más fáciles por las cuales un profesionista, del Derecho o de otras profesiones, cae en la corrupción. John Milton (Al Pacino) afirma en la película: “La vanidad es mi pecado favorito”.

Esta sentencia resume gran parte del conflicto ético de los profesionistas. Kevin Lomax es seducido no solo por el poder y el dinero, sino por la sensación de ser invencible dentro del mismo ámbito legal. En el mundo globalizado que exalta valores como el individualismo, el hedonismo, el poseer por sobre el ser, la búsqueda del reconocimiento y la ambición ocupan puestos altos en el esquema axiológico que rige la conducta de los profesionistas.

En la práctica real, esta actitud puede observarse en abogados que actúan con prepotencia, justificando sus decisiones únicamente por los beneficios personales que obtienen. Desde una perspectiva jurídica, el artículo 6 del Código de Ética del Abogado Mexicano , establece que el abogado no debe utilizar su profesión para obtener beneficios ilegítimos o manipular la justicia. En el argumento del filme, Lomax acepta trabajar para un bufete donde sus decisiones son utilizadas para proteger a delincuentes. Esta situación pone en evidencia que alejarse de los principios deontológicos del Derecho puede llevar a una peligrosa instrumentalización de éste.

Uno de los conceptos filosófico-jurídicos más relevantes en la película es el del libre albedrío. Este término “es utilizado para referirse a las decisiones en función de nuestros deseos y a la experiencia subjetiva de decidir con plena libertad” (Rivas Díaz, 2018). Aunque John Milton manipula las situaciones, en ningún momento obliga directamente a Kevin a actuar de una forma u otra. Esto refuerza la idea de que toda persona, abogado o no, sin importar las circunstancias, es responsable de sus decisiones y de sus consecuencias. Como lo sostiene Nogales Naharro “los actos humanos, son los que realiza la persona conociéndolos y queriéndolos previamente, es decir los que se realizan en el ámbito de la libertad. Por ello el orden de la ética coincide con el orden de lo voluntario.” (Nogales Naharro, 2010)

Esta idea se aplica a la ética profesional: aunque existan presiones, el profesionista debe tener la capacidad moral de decir “no” cuando una situación atenta contra sus principios. En “El abogado del diablo”, Kevin Lomax elige ignorar las advertencias de su esposa, su conciencia y las señales claras de que algo no está bien en su entorno laboral. Esta falta de límites lo lleva a una crisis personal y profesional.

La abogacía no puede desligarse del componente humano. Cada caso representa a personas, familias y derechos que pueden ser vulnerados o protegidos dependiendo del actuar de un abogado. Al final, la justicia siempre tiene un rostro humano. La película muestra cómo el protagonista, al priorizar su carrera, descuida a su esposa, quien termina perdiendo su estabilidad emocional. Esta trama secundaria revela que si el abogado que no pone límites entre lo profesional y lo personal puede causar daños irreversibles a su entorno. En el contexto de inseguridad que se vive en México, este riesgo es más palpable y latente para los litigantes, ceder ante las tentaciones del sistema o ante las presiones del crimen organizado pone en peligro sus principios, su tranquilidad, su vida y la de su familia.

Desde el punto de vista jurídico, el abogado también debe observar el principio de dignidad humana, reconocido en la Constitución Política de los Estados

Unidos Mexicanos y en tratados internacionales como la Convención Americana sobre Derechos Humanos (OEA, 1969).

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en su artículo 1° Párrafo I sostiene que:

[…] todas las personas gozarán de los derechos humanos reconocidos en esta Constitución y en los tratados internacionales de los que el Estado Mexicano sea parte, así como de las garantías para su protección, cuyo ejercicio no podrá restringirse ni suspenderse, salvo en los casos y bajo las condiciones que esta Constitución establece (Diario Oficial de la Nación, 2025).

y continúa postulando en el párrafo V del artículo 1.° de esta parte dogmática de la Carta Magna

Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas (Diario Oficial de la Nación, 2025).

Este principio implica tratar a todas las personas con respeto, incluso a los adversarios procesales o a los acusados. En la película, los clientes son vistos como instrumentos para el éxito, lo cual contradice totalmente esta visión humanista del Derecho.

En conclusión, el filme del “El abogado del diablo” es una parábola moderna sobre los peligros de ejercer el Derecho sin principios éticos ni sensibilidad humana. A través del personaje de Kevin Lomax, se muestra la manera en que el éxito vacío, basado en la ambición y la vanidad, puede conducir a la corrupción moral y al fracaso personal. En contraste, el verdadero abogado debe actuar con integridad, conciencia y respeto hacia la justicia, recordando siempre que su labor impacta la vida de otros seres humanos.

Más allá del entretenimiento, esta película invita a la reflexión profunda sobre el papel ético del jurista en la sociedad actual. En tiempos donde el sistema legal puede parecer impersonal o manipulado, es urgente formar abogados que no solo dominen el Derecho, sino que también lo ejerzan con humanidad y responsabilidad

Comunicación Sistema UNIVA

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