
Alejandro Bravo Guzmán – Jefe de Desarrollo Institucional y Sostenibilidad
Utilizar los recursos con responsabilidad, reducir los residuos, promover el sentido de inclusión y justicia, sentar las bases para una buena gobernanza corporativa e implementar prácticas coherentes de trabajo, salud y seguridad son solo algunas de las acciones sostenibles que pueden emprender las empresas; sin embargo, para ello es necesario formar al capital humano con esta perspectiva. No se trata únicamente de un comportamiento basado en el interés propio, sino de una práctica que también resulta atractiva para inversores y clientes y, muy importante hoy en día, para el bienestar de las comunidades y del territorio, en sus tres dimensiones: económica, social y ambiental. Las empresas sostenibles representan menores riesgos y tienen una mayor probabilidad de generar un impacto positivo y duradero en el desarrollo de las regiones.
En un mundo marcado por la aceleración tecnológica, los desafíos ambientales y profundos cambios sociales, la educación enfrenta una pregunta crucial: ¿qué competencias necesitan los estudiantes para desenvolverse con éxito y responder al tema de la sostenibilidad que inunda las conversaciones a nivel global rumbo a 2030?
Ante este escenario, la UNESCO, a través de su agenda Educación 2030, ha identificado cinco competencias clave que los sistemas educativos deben priorizar para formar ciudadanos capaces de adaptarse, innovar y contribuir al desarrollo sostenible y a la convivencia pacífica.
1. Habilidades digitales: más allá del uso de la tecnología La alfabetización digital ya no se limita al manejo de dispositivos. La UNESCO subraya la necesidad de desarrollar habilidades digitales críticas que permitan a los estudiantes utilizar la tecnología de forma ética, segura, creativa y reflexiva. Esto incluye comprender el impacto social de las plataformas digitales, evaluar la información que circula en línea y aprovechar la tecnología como herramienta para el aprendizaje, la innovación y la participación ciudadana.
2. Competencias verdes: educar para la sostenibilidad El cambio climático y la degradación ambiental representan algunos de los mayores desafíos del siglo XXI. Por ello, la UNESCO destaca la importancia de las competencias verdes, orientadas a formar conciencia ambiental y promover acciones responsables. Estas competencias permiten a los estudiantes comprender los sistemas naturales, adoptar hábitos sostenibles y participar activamente en la construcción de soluciones que protejan el planeta y garanticen el bienestar de las futuras generaciones, contribuyendo así a disminuir la deuda generacional.
3. Pensamiento crítico: aprender a pensar, no solo a saber En una era de sobreinformación, el pensamiento crítico se vuelve indispensable, y vaya que nos hace falta. Esta competencia implica la capacidad de analizar, cuestionar, contrastar fuentes y evaluar argumentos desde múltiples perspectivas.
4. Resolución de problemas: adaptarse a un mundo cambiante Los retos actuales requieren personas capaces de responder con creatividad y flexibilidad. La resolución de problemas implica identificar situaciones nuevas, proponer alternativas, evaluar riesgos y aprender del error o, como decimos coloquialmente, “pensar fuera de la caja”. Esta competencia prepara a los estudiantes para contextos laborales y sociales en constante transformación, donde la innovación y la adaptabilidad son tan importantes como el conocimiento técnico.
5. Desarrollo socioemocional: la base de la convivencia y la construcción de la paz Finalmente, la UNESCO resalta el desarrollo socioemocional como un pilar fundamental de la educación del futuro. Habilidades como la empatía, la autorregulación emocional, la comunicación asertiva y el trabajo colaborativo son esenciales para la convivencia democrática y la construcción de la paz. Como se ha señalado en diversos espacios de reflexión: “sin paz, el desarrollo no es posible”. Educar en el ámbito socioemocional implica reconocer que el aprendizaje también pasa por las emociones, las relaciones humanas y el sentido de pertenencia a una comunidad global que actúa como agente de cambio en los territorios.
Es por ello que las cinco competencias propuestas por la UNESCO invitan a repensar la educación como un proceso integral, centrado en el ser humano y comprometido con el bien común. No se trata solo de preparar estudiantes para el mercado laboral, sino de formar ciudadanos conscientes, críticos y solidarios, capaces de transformar su entorno, ejes fundamentales en la misión de la UNIVA.