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40 horas laborales: el cambio que llegó, pero no como se esperaba

Ángel Gabriel Orihuela – Encargado de Procesos de Titulación

Hace unos días, el Congreso de la Unión aprobó la largamente esperada reforma que reduce la jornada laboral de las actuales 48 horas a la semana a solo 40 horas.

Y aunque en el papel este es un cambio benéfico, que se presume incluso como histórico, es suficiente una mirada más detallada para mesurar el tono de la celebración.

Hay al menos tres puntos en los que lo aprobado por los senadores no cumple con la expectativa de muchos trabajadores.

El primero es el más obvio: para la mayoría, una jornada de 40 horas equivale a descansar dos días a la semana. Cualquiera que labore de lunes a sábado sabe que un día de reposo no es suficiente para recuperarse.

Además, usualmente ese día se dedica a lavar la ropa, hacer la despensa, cocinar y atender algún otro pendiente que entre semana es imposible con una jornada de 8 horas, a las que se suman entre dos y cuatro horas de traslado hacia y desde el trabajo.

Si bien, en buena parte de la discusión, la iniciativa manejó la premisa de «por cada cinco días de trabajo, dos de descanso», el dictamen final se modificó, lo que abre la puerta a que el patrón distribuya esas 40 horas en seis días, si así lo requiere la empresa.

Se supone que el trabajador y el patrón podrán ponerse de acuerdo en ese punto, pero esa idea no cuadra con la realidad: en las empresas se hace lo que el patrón dicta. El desconocimiento de nuestros derechos y el miedo a perder el empleo hacen de esa supuesta negociación una conversación tremendamente desigual, tal vez con la única excepción de las compañías en las que hay un sindicato comprometido.

Cuando se le cuestionó sobre esto a la presidenta Claudia Sheinbaum, ella aseguró que la demanda histórica de los trabajadores había sido la jornada de 40 horas, por lo que considera que las autoridades están cumpliendo.

El segundo punto de crítica está en que este cambio, además de modesto, será gradual. Todo este año, las jornadas seguirán siendo de 48 horas como hasta ahora; para 2027 serán de 46 horas; en 2028, de 44; en 2029, de 42 horas, y llegará a las prometidas 40 horas hasta 2030.

Así que, si usted esperaba recuperar algo de tiempo para vivir fuera del trabajo, deberá tener mucha paciencia.

El tercer punto que despierta dudas es el del abaratamiento de las horas extra: actualmente, si el patrón necesita que el trabajador labore más tiempo, tiene que pagar al doble las primeras nueve de esas horas y al triple a partir de la décima. Ahora se permitirá trabajar 12 horas extra a la semana con pago doble.

Los defensores de la iniciativa creen que los patrones, al ver cómo aumenta el costo de la nómina al pagar extra a partir de la hora 41, preferirán que el empleado se vaya a su casa.

Sin embargo, en muchas empresas de México los artículos que establecen las condiciones del pago por horas extra son un bonito poema, y lo que pasa con más frecuencia es que terminan imponiéndose los discursos de «en esta empresa somos una familia», el de «hay que ponerse la camiseta» y el de «hay muchos allá afuera que quisieran tu trabajo», para que el empleado se quede más allá del fin de su jornada sin recibir un peso adicional.

Es posible que estos tres puntos —la omisión del segundo día de descanso, la gradualidad de los cambios y la ampliación de las horas extra con pago doble— sean guiños al sector privado, que ha sido presionado en los últimos años con reformas como la mayor regulación del outsourcing, la ley silla, las reglas del teletrabajo y, sobre todo, con los aumentos en los salarios mínimos de los últimos ocho años.

Pero tampoco los empresarios quedaron satisfechos con lo aprobado. Por ejemplo, aunque el cambio total llegará hasta 2030, la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo ya está solicitando al gobierno que les subsidien el pago extra desde la hora 41, principalmente para negocios familiares. De lo contrario, amagan con cierres de negocios, informalidad y recortes de personal.

Así, si la Presidencia no escucha la solicitud de los comerciantes, parece que no quedarán bien ni con patrones ni con trabajadores.

Y eso que lo aprobado ni siquiera se parece a los interesantes resultados de las pruebas piloto que han experimentado con semanas laborales de cuatro días de trabajo por tres de descanso, y que han mostrado beneficios tanto para empresas como para trabajadores. Por ejemplo, una de las más famosas, llevada a cabo por Microsoft Japón, reportó un aumento de casi 40 por ciento en la productividad.

La organización promotora de las semanas laborales de cuatro días, 4 Day Week Global, que ha experimentado el modelo en países como Alemania, Brasil, Portugal, Sudáfrica, Australia, Nueva Zelanda, Reino Unido, Irlanda y Estados Unidos, presume resultados como la disminución del estrés, un aumento en la capacidad laboral y la

reducción del ausentismo, lo que genera que nueve de cada diez empresas que prueban el modelo terminen adoptándolo.

Ni qué decir de la idea, aún más radical, defendida por el multimillonario Carlos Slim: trabajar tres días con jornadas de 12 horas y descansar cuatro días a la semana. Eso sí, aumentando la edad de retiro hasta los 75 años.

Como sea, da la impresión de que esta reforma se quedó muy corta. Por no hablar de que los beneficiados serán solo los trabajadores formales, que actualmente son minoría en México.

Comunicación Sistema UNIVA

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