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¿Qué es eso de la Justicia Cotidiana?

Por José Elías García Parra, catedrático de la Universidad del Valle de Atemajac

02 de Aug de 2016 a las 17:00 |

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En nuestra vida cotidiana: la justicia

En días pasados, el Presidente Enrique Peña Nieto presentó una serie de iniciativas de reforma constitucional, reforma legal y un decreto del Poder Ejecutivo, dentro del marco de la llamada “justicia cotidiana”, constituyendo una propuesta referente a litigios que “están en nuestra vida diaria” en donde se ven involucrados problemas de los ámbitos familiar, mercantil y civil, que “es la que reclaman los trabajadores, los vecinos, las madres y los padres de familia”.

Pero ¿qué se entiende por “justicia cotidiana”? Desde el ámbito oficial es “aquella, distinta a la penal, que vivimos todos los días en nuestro trato diario, y facilita la paz social y la convivencia armónica… significa dar solución a los problemas vecinales, a los incidentes de tránsito o a las disputas que surgen en la convivencia diaria". Es decir, estamos sin duda en la discusión central de la generación de condiciones que deberían llevarnos a construir un sistema de vida basado en justicia y paz.

El destacado jurista y profesor uruguayo del siglo XX Eduardo J. Couture dice en su Decálogo del Abogado: “Ten fe en el derecho, como el mejor instrumento para la convivencia humana; en la justicia, como destino normal del derecho; en la paz, como sustituto bondadoso de la justicia. Y sobre todo, ten fe en la libertad, sin la cual no hay derecho, ni justicia, ni paz”. Con independencia de las corrientes doctrinarias a través de las cuales se ha estudiado y desarrollado el derecho, lo correspondiente al binomio justicia-derecho y la unión justicia-derecho-paz se encuentran presentes en la discusión de la mejor manera para la regulación de la conducta de los seres humanos, no solo obedeciendo a postulados filosóficos y religiosos inclusive –necesarios de considerar y aplicar¬– sino a su repercusión real en la comunidad.

La justicia como bien común

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Siendo la justicia un valor determinado como bien común por la sociedad, su concepción variará conforme a la época y a la civilización que regula un sistema normativo, atendiendo a la necesidad de establecer una convivencia armónica entre sus miembros, tanto en el rol de gobernados como de gobernantes, a través de facultades, derechos y deberes para cada cual.

Santo Tomás de Aquino, en la Suma Teológica, señala que por “derecho” (ius) se entiende “la misma cosa justa”, en tanto que “la Ley es una constitución escrita; y de ahí que la ley no sea el derecho mismo, propiamente hablando, sino cierta razón del derecho”, es decir, el “derecho” es la cosa misma ordenada según la Justicia.

El deseo de la justicia es obrar siempre conforme a derecho

Para la ciencia jurídica desarrollada en el mundo occidental de tradición romanista, la concepción de Ulpiano sobre la justicia, en el siglo IV después de Cristo, sigue siendo un marco paradigmático de enfoque y declaración sistemática: “La justicia es la constante y perpetua voluntad de dar (conceder) a cada uno su derecho” (Iustitia est constans et perpetua voluntas ius suum cuique tribuendi), considerando que los preceptos o mandatos del derecho son “vivir honestamente, no hacer daño a nadie y dar a cada uno lo que le corresponde” (honeste vivere, alterum non laedere et suum quique tribuere), de manera que la iustitia es una voluntad que entraña el reconocimiento de lo que se estima justo y bueno (aequum et bonum). Así, en nuestras bases culturales (que la realidad actual nos dice que quedaron escondidas muy en lo profundo) se generó como conceptualización de la justicia el deseo de obrar siempre conforme a derecho. Si las acciones de los seres humanos se adecuan a la Ley cuyo contenido responda al bien común, los principios jurídicos se verán presentes de manera permanente en la convivencia social y, entonces, la justicia deja de ser solo una idea abstracta y lejana, para convertirse en una realidad, en práctica concreta, eficiente y constante, que regirá la conducta de los integrantes de la comunidad. En nuestro lenguaje cotidiano consideramos que la justicia consiste en que las personas reciban el trato que se merecen; de ahí que -sin duda- veamos que siga vigente el postulado de Ulpiano de “dar a cada cual lo suyo”.

Así entonces, las normas jurídicas que confieren facultades, establecen deberes y que nos conceden derechos, deben tener como eje cardinal, sí, la regulación en general de la convivencia social, pero como objetivo principal, la prevención de los conflictos o su resolución con base en principios y valores fundamentales como son seguridad, certeza, igualdad, libertad y justicia.

Sin duda, lograr una justicia cotidiana no se hará con solo leyes y decretos, pues ello implicará el construir desde el ámbito educativo una cultura de legalidad que enraice el respeto a la dignidad de las demás personas y seres vivos con que compartimos este planeta, así como el cuidado de nuestro entorno, labor en la que estamos involucrados todos, tanto gobernantes como ciudadanos.

Referencias:
Palabras del Presidente Enrique Peña Nieto, pronunciadas en Palacio Nacional el 28 de abril de 2016 durante la presentación de las iniciativas que propone sobre “Justicia Cotidiana”.
IDEM.
Villoro Toranzo, Miguel. (1987). Introducción al Estudio del Derecho. México: Ed. Porrúa. 7ª Edición, pág. 40.
IBID, pág. 207.
Pereznieto Castro, Leonel. (2012). Introducción al Estudio del Derecho, México: Ed. Oxford. 7ª Edición, pág. 36.

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