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Empoderar a las personas con discapacidad

Hay que empoderar a la comunidad de personas con discapacidad desde todos los matices que la componen para que se fortalezca y trabaje para sí misma, así como otorgarle empleos y educación para avanzar como sociedad.

19 de May de 2016 a las 18:55 |

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Entrevista a Rodolfo Torres maestro en Comunicación, Docente UNIVA e Investigador Social de las comunidades de la discapacidad.

“La discapacidad la entendí desde muy pequeño como esa distinción o particularidad de concebir el mundo y expresarse en él, pero desde los ojos extraños de esa sociedad que no reconoce la diversidad con la que se constituye”, dice Rodolfo, al recordar cómo era su infancia. Su experiencia, como muchas, se une a testimonios que componen la brecha que divide a las personas con discapacidad (PCD) con la sociedad actual.

“Esta población (Personas con Discapacidad) enfrenta no solamente constantes actitudes discriminatorias que obstaculizan su integración a la sociedad de manera plena, sino también un entorno físico pobremente adecuado”, afirma Rodolfo Torres, y considera que las barreras más grandes que enfrenta una PCD son la indiferencia y la discriminación.

Rodolfo Torres ha dedicado gran parte de su tiempo a la comunicación como locutor de radio para diversos medios, profesión que a muchos ha sorprendido, ya que además posee una excelente voz. Quien lo conoce jamás se imaginaría que es hijo de padres sordos.

Entonces, ¿cómo aprendió a comunicarse? A continuación sonríe y cambia su semblante: “El idioma materno que tengo es la lengua de señas mexicana, es un idioma viso-gestual; no se articula con palabras habladas, sino que se utilizan movimientos y gestos, y mis primeras ‘palabras’ fueron en señas”; continúa sonriendo y deja entrever la convicción de quien vive una condición diferente a las demás. “En cambio, la lengua hablada la aprendí gracias a que mis papás, conscientes de que no tenían un hijo sordo, ponían un radio en mi habitación, y mi padre me ponía música o diferentes programas –ríe-, o a escuchar la televisión, para así conocer diferentes voces”.

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Vivir con una discapacidad en México es, quizá, como vivir en una realidad alterna. De entrada, en el imaginario colectivo, se continúa percibiendo a una persona con discapacidad como alguien a quien hay que asistirle o ignorar.

“La sociedad todavía está casada con una ideología de entender la discapacidad como una enfermedad o una limitante. Para la sociedad en general, una persona con discapacidad es aquella que está enferma o requiere un tratamiento y de ser ‘normalizada’”, manifiesta Rodolfo, egresado y docente de nuestra Casa de Estudios.

La discapacidad a lo largo de los años

Este tipo de percepción hacia la discapacidad viene de hace mucho tiempo, y ha venido cambiando –si no evolucionando- a lo largo de la historia. Pero a la fecha, el tema de diversidad aún es tema de discusión, de conceptualización y conciencia; los grupos minoritarios son quienes soportan esta situación: “México tiene una deuda moral muy grande con los grupos minoritarios como las comunidades indígenas, grupos de mujeres en algunas partes del país, minorías religiosas, grupos de diversidad sexual, así como los grupos de la discapacidad, que han pasado décadas en el anonimato y la invisibilidad”.

“En países como Suecia, Inglaterra y Canadá, desde 1960, las personas sordas pueden estudiar en escuelas tradicionales. En las instituciones educativas de estos países conviven alumnos sordos y no sordos, y los maestros suelen estar acompañados por intérpretes de la lengua de señas para generar ese intercambio constante entre personas con o sin alguna discapacidad. Esto es parte de la legislación de estos países desde los años sesenta, y sin embargo, en México este nivel de inclusión no existe. Apenas en 2005, la Lengua de Señas Mexicana fue reconocida como un idioma oficial.

Nuestra nación, claramente rezagada en temas de inclusión, se suma a la gran lista de países que han tardado en comprender la discapacidad. A lo largo de la historia, el concepto “discapacidad” ha sido entendido de múltiples formas, en su mayoría peyorativa. Torres, quien colabora para diferentes causas en pro de la inclusión, divide en tres etapas este proceso de comprensión de la discapacidad a través de la historia del hombre.

“La primera de ellas es la conceptualización religiosa, es decir, las personas pensaban a la discapacidad como un castigo divino sobre el recién nacido, producto de las malas acciones de sus padres. Después, en los siglos XIX y XX, con las guerras mundiales, se entiende a la discapacidad como un problema o limitante física, que requiere ser estudiado por la ciencia; entonces, aparecen dispositivos tecnológicos para ‘ayudar’, pero que muchas ocasiones más bien limitaban a esas personas. Por último, en los años 70 surge una tercera forma de comprender la discapacidad, con el enfoque de los derechos humanos. Una de las principales obligaciones de un país es otorgar a toda la ciudadanía las mismas oportunidades y de velar por los derechos humanos de cada individuo”.

“En el caso de las personas con discapacidad, los retos son aún mayores, ya que esta población enfrenta no solamente constantes actitudes discriminatorias que obstaculizan su integración a la sociedad de manera plena, sino también un entorno físico pobremente adecuado”.

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“Nada sobre nosotros sin nosotros”

México es miembro de la Convención Internacional sobre los Derechos de las PCD desde 2007. Esta Convención promueve que se respeten los derechos y libertades fundamentales de las personas con discapacidad. Pero la realidad dista mucho de los compromisos adquiridos. De hecho, autoridades y gobiernos hacen poco por mejorar el entorno social, urbano o económico para las PCD, ya que se enfocan -en muchos casos- a otorgar apoyos “asistencialistas”.

“La falta de oportunidades laborales orilla a que muchas PCD se dediquen a trabajos informales (vendiendo en la calle), o de plano deciden emigrar a otros países; entonces, todo ese capital humano y esa gama de conocimientos, simplemente se pierden”.

Sin embargo, Rodolfo destaca que esta tarea de inclusión corresponde a la sociedad, ya que para otorgar las mismas oportunidades –profesionales, especialmente- y los mismos derechos, habrá que hacer frente desde múltiples ángulos y disciplinas.

A nivel estatal, en Jalisco existen varios programas que cuentan con el apoyo del DIF, así como del Consejo Estatal para la Atención e Inclusión de Personas con Discapacidad (COEDIS). Este último es un organismo público desconcentrado, adscrito a la Secretaría de Desarrollo e Integración Social. Cabe decir, que recientemente se inauguró la primera playa “incluyente” del pacífico mexicano en Cuastecomates, municipio de Cihuatlán, Jalisco.

“Durante siglos, y desde las instituciones gubernamentales, públicas y educativas, a las PCD prácticamente no se les tomaba en cuenta; se les pensaba como deficientes, enfermas o trastornadas, y me pregunto: ¿Qué clase de vida digna puede tener alguien a quien durante toda su vida le han dicho que es un enfermo?”

El Movimiento Internacional de Personas con Discapacidad tiene una máxima que dice “Nada sobre nosotros sin nosotros”, esto se refiere a que cualquier política pública, metodología educativa o dinámica laboral que tenga que ver con discapacidad debe ser consultada y avalada por las mismas personas con discapacidad.

Rodolfo Torres cierra afirmando: “No basta solamente con enfocarnos en una cuestión ‘asistencialista’ y pensar que con otorgar becas o apoyos a personas con discapacidad ya estamos cumpliendo como sociedad. Hay que también empoderar a esa comunidad desde todos los matices que la componen para que se fortalezca y trabaje para sí misma, así como otorgarle empleos y educación para avanzar como sociedad”.

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