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Donald Trump, el secesionista

Su retórica se ha basado en la defensa de lo que “legal y auténticamente” le pertenece a los estadounidenses.

16 de Mar de 2016 a las 17:10 |

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Fotografía por Christopher Halloran Shutterstock.com


Por Alberto Gómez R. Docente de la UNIVA, consultor en Planeación Estratégica, Mercadotecnia Política, opinión pública y analista geopolítico.


Donald John Trump (n. 1946) es un empresario y ejecutivo multimillonario estadounidense, hijo de una inmigrante escocesa y de un empresario de origen alemán. Trump ha amasado su fortuna –calculada en 4.5 mil mdd actualmente- en el medio inmobiliario en Estados Unidos y otros países donde ha construido resorts y edificios de viviendas de lujo. Su activismo político inició en la década de los 80 cuando apoyó al entonces presidente republicano Ronald Reagan, y apoyando a partir de entonces distintos candidatos y gobernantes de ese partido político. La incursión de Trump en la política no sólo se ha limitado al apoyo económico para las campañas electorales, sino también manifestando su interés en competir por distintos puestos de elección popular -candidaturas presidenciales en 1988, 2004 y 2012, y para gobernador de Nueva York en 2006 y 2014- sin que se concretara ninguna de estas. Sin embargo, fue en verano del 2015 cuando el millonario estadounidense manifestó su interés en contender por la candidatura republicana a la presidencia de los Estados Unidos, definiendo como eje de su campaña la reconstrucción –en todos aspectos- del país bajo el lema:

“Hacer grande a América nuevamente” [“Make America Great Again!”].

Donald Trump ha aprovechado el descontento social imperante en Estados Unidos en contra del actual gobierno de Barack Obama que, aunque fue re-electo en 2012, en estos más de 7 años en la presidencia no ha logrado sacar al país a flote luego de la catastrófica caída de su economía que comenzó a inicios del 2008 durante el último año del segundo período de la administración de George Bush, hijo. La retórica de Trump se ha basado en la defensa de lo que “legal y auténticamente” le pertenece a los estadounidenses –específicamente a los anglosajones-, haciendo la diferenciación de manera tácita pero no explícita hacia las minorías étnico raciales, como los hispanos, asiáticos y afroamericanos El ascenso de Trump en la escena política ha sido un verdadero fenómeno social, ya que a pesar de tener un discurso que polariza las muy diversas ideologías prevalecientes en el país, muestra ese rostro nacionalista que busca congregar a quienes se han sentido excluidos en las decisiones más importantes que ha tomado el líder político actual y que es parte de esas minorías étnicas que según la visión de algunos han robado a los “nativos” estadounidenses las oportunidades de trabajo, negocios, beneficios, etc…¡incluso hasta los Óscares! En el momento histórico actual, en el que resurgen los nacionalismos exacerbados y se extienden por todos los continentes, es tierra de cultivo para movimientos, grupos y políticos que predican por la supremacía de su estado-nación, como es el caso de Donald Trump; incluso algunos intelectuales y no intelectuales han hecho comparaciones nada alentadoras de su discurso con el de Adolf Hitler.

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Fotografía por IgorGolovniov Shutterstock.com


"El elevado índice de inmigración han producido salarios más bajos y más altos índices de desempleo de los trabajadores de Estados Unidos. Un sondeo del Pew Research Center muestra que el 83 por ciento de todos los votantes -Demócratas, republicanos e independientes– piensan que la inmigración se debe congelar o reducir. Los mayores beneficiarios de lo que permite un menor número de trabajadores extranjeros en nuestro país serían trabajadores minoritarios, incluidos todos los inmigrantes que ahora viven aquí, que están compitiendo por puestos de trabajo, beneficios y recursos de la comunidad contra las olas de registro de los trabajadores extranjeros. La limitación de la competencia laboral volvería a abrir vías para la estabilidad de la clase media y reducir las listas de asistencia social. Además, sería aliviar la sobrepoblación en nuestras escuelas y hospitales que aquejan a nuestras comunidades más pobres. Aun así, los senadores Cruz (Ted) y Rubio (Marco) han llevado a la carga de las tasas de inmigración aún más altos -una política apoyada por sólo el 7 por ciento del electorado republicano-. Cuando yo sea Presidente vamos a escuchar la personas – no a los intereses especiales- y tener el número de inmigrantes bajo control, como los votantes lo han exigido". (Declaración pública de Donald J Trump del 7 de marzo, 2016)

Donald Trump ha utilizado los principios de propaganda de Joseph Goebbels –ministro de propaganda de la Alemania nazi- que contribuyeron al ascenso y empoderamiento de Hitler y el nazismo: 1. Principio de simplificación y del enemigo único. Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo. 2. Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada. 3. Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. “Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan”. 4. Principio de la exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave. 5. Principio de la vulgarización. “Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar”. 6. Principio de orquestación. “La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas”. De aquí viene también la famosa frase: “Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”. 7. Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones. 8. Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias. 9. Principio de la silenciación. Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines. 10. Principio de la transfusión. Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas. 11. Principio de la unanimidad. Llegar a convencer mucha gente que piensa “como todo el mundo”, creando una falsa impresión de unanimidad. Conforme se va definiendo quiénes serán los dos contendientes representantes de los partidos republicano y demócrata por la carrera presidencial, al mismo tiempo se polariza más la opinión pública y el electorado estadounidense, guiados por el resentimiento acallado hacia la situación de desgobierno e inconformidad imperante en su país, y centrando sus esperanzas en un nuevo líder –aunque sea un extremista radical- que los guiara a un destino distinto del actual.

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Fotografía por Crush Rush Shutterstock.com

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