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Birdman y la generación Millenials

La vida y la existencia tienen mayor valor e importancia en las redes sociales vistas desde las pantallas.

26 de Apr de 2016 a las 13:50 |

Por Miguel Camarena Agudo
Catedrático de la UNIVA

Milan Kundera en su libro el “Arte de la novela” hace mención, de que, allí donde la filosofía no llega la literatura lo hace. Es decir, la literatura explica aquellas cosas que la filosofía no puede hacer. En palabras de Bradbury “los buenos escritores tocan la vida a menudo”. Pero no sólo la literatura cumple con ese propósito. Expresiones artísticas como la pintura, la música y el cine también se hunden en la profundidad de la vida y de la realidad. El cine, por ejemplo, ha mostrado a partir representaciones poderosas las problemáticas sociales que se viven. Bastaría revisar unos cuantos filmes para dar cuenta de ello: “Trainspotting” de Danny Boyle, “Requiem por un sueño” de Darren Aronofsky y “El odio” de Mathieu Kassovitz. Todas estas cintas relacionadas con el tema de la juventud y sus vicisitudes dentro de las grandes urbes: drogadicción, prostitución, falta de oportunidades, pobreza, marginación, desintegración familiar, crisis de valores, indiferencia, pérdida de la fe, soledad y crimen.

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Otra película que toca algunos de los temas antes mencionados sobre la juventud es Birdman del ganador del Oscar Alejandro González Iñárritu. Lo interesante de esta película es la forma de presentar elementos característicos de una generación de jóvenes denominada como “Millenials” o “generación Y”. Para contextualizar al lector, esta generación se identifica temporalmente en aquellos nacidos entre los años 80s y la década del 2000. Como características principales dentro de estos sujetos denominados millenials están: el uso del internet, la relación casi permanente de teléfonos inteligentes, el constante uso de redes sociales, mensajería instantánea. Además se les considera ya en el ámbito psicológico, narcisistas, egoístas, perezosos, mimados, hedonistas y permisivos. Pero no todo en ellos es negativo, dentro de las múltiples descripciones que podemos encontrar existen rasgos positivos como: pensamiento rápido, tecnológicamente hábiles, creativos, informados, entre otros. Las voces a favor y en contra son múltiples. Al final no se debe caer en la tentación de la generalización.

Volviendo al filme de Iñárritu y a la fidelidad con que presenta algunas de las características de los “millenials”, bastaría con tomar uno de los momentos más estridentes y significativos de la película, escena en la que pelean verbalmente Riggan Thomson (Michael Keaton) y su hija Sam (Emma Stone):

-¡Intento hacer algo importante!
-¡Esto no es importante!
-¡Lo es para mí! Quizá no para ti o tus amigos cínicos que sueñan con producir algo "viral" pero para mí... ¡Dios mío, esto es mi carrera! Es mi oportunidad de hacer algo significativo.
-¿Significativo para quién? Tenías una carrera, papá, antes de la tercera película del cómic. Antes de que la gente olvidara quién estaba dentro de ese disfraz. ¡Haces una obra basada en un libro escrito hace 60 años para mil viejos blancos y adinerados a los que solo les importa dónde ir a tomar un café después! ¡A nadie le importa excepto a ti! Y reconócelo, papá, no lo haces por amor al arte sino para sentirte relevante de nuevo. ¡Hay un mundo entero en que la gente lucha a diario por ser relevante! Tú te comportas como si no existiera. ¡Están pasando cosas en un lugar que ignoras que ya se ha olvidado de ti! Digo, ¿quién diablos eres? Odias los blogs, te burlas de Twitter. Ni siquiera tienes página en Facebook. ¡Tú eres quien no existe! Haces esto porque tienes pavor, como todos nosotros, de que no importas. ¿Y sabes qué? ¡Tienes razón! ¡No importas! No tiene importancia. Tú no tienes importancia. ¡Acostúmbrate!

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Si se analiza el diálogo es posible dar cuenta de cómo Riggan crítica el concepto tan empobrecido de la trascendencia humana en su hija. Mientras él lucha por una trascendencia construida con arte, trabajo, disciplina, dedicación, etc., su hija Sam vive al igual que sus coetáneos publicando en Facebook, Twitter o Instagram. Soñando con la fama y la popularidad. Súbditos del “Imperio de lo efímero” en palabras de Lipovetsky. La velocidad con que la información, las mercancías, las modas cambian es vertiginosa. La inmediatez y lo novedoso se vuelven valores supremos. Por lo tanto, lo viejo, la clásico, duradero pierde importancia. Cabe resaltar un elemento que ha cambiado para esta generación: la existencia. Esta se ha vuelto “leve”, ha perdido peso frente al mundo de las redes sociales. La vida y la existencia tienen mayor valor e importancia en las redes sociales vistas desde las pantallas. Lipovetsky habla de que hoy la libertad ha llegado a tal nivel que, cada uno se confecciona a sí mismo, proyectando aquello que quiere ser. El “selfie” como expresión inequívoca de lo dicho por el filósofo francés. A su vez en el mismo diálogo Sam revira haciendo una crítica al esnobismo y la fatuidad con que ciertos estratos sociales consumen las expresiones culturales elevadas en Nueva York. Desmarcándose de esa otra frivolidad: La de los adultos que en su mayoría pertenecen a generaciones como la de los “Baby Boomers” y “Generación X” de las cuales se hablará en siguientes entregas.

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